....todavía no se oyen los ruidos del discurrir cotidiano, hasta las ocho no dará el reloj de la iglesia las primeras campanadas, la noche ha sido estrellada y huye lentamente para dejar paso al día, las montañas del fondo aún se ven borrosas y este año parece que la nieve se retrasa en blanquear sus lomas.
No tardaran los mochuelos, las lechuzas y los cárabos en irse a dormir y apenas los primeros rayos de sol calienten portales y solanas pondrán a secar en ellos las cosechas de alubias, las nueces y las avellanas.
Voy andando con cuidado de no aplastar los últimos caracoles que se esconden entre los arbustos, y de entre estos se oyen los primeros trinos de algún miruello madrugador.
El rocío todavía no se convierte en escarcha y del fondo de los pozos entre los viejos pinos nacen bolas de algodón que se disipan lentamente con los primeros destellos de luz.
Me sumerjo cada día y me aferro a este mundo armonioso de la naturaleza que da sentido a la vida, fuerza y esperanza.