...cuando regresó, todo estaba igual que cuando marchó cansado de vivir refugiado en su propia casa.
Era un adolescente y todas las mañanas se hacía la misma pregunta:
¿Que habrá al otro lado de las nevadas cumbres?.
Cruzó el desfiladero en busca del mar con el que soñaba cada noche.
Se creía dueño del tiempo y solo cuando regresó, al ver que la tenue luz de aquella bombilla era la misma que la luz difusa , que alumbraba la pestilente y húmeda bodega del mercante, entendió que el tiempo del que se creía dueño se había quedado allí.
El tiempo y todos los recuerdos, los oficios, los olores, el pan, el orujo, las hierbas que curaban todos los males, el abuelo que reparaba las varillas y la tela de los paraguas, el que ponía parches a los pucheros y a la alquitara y le hacía chiflos con algún recorte que sobraba de la hojalata, los cedazos de ventear las alubias, el esparto con el que frotaban el suelo, la tabla de amasar la harina, la leña y hasta su propia conciencia...todo seguía allí...
Manolo García