... de que sea tan bella mi tierra, y que cueste salir cuando entras en ella.
¿Quién tiene la culpa de que estando entreabiertas las puertas al otoño, por ellas se cuele la primavera?
¿Cómo renunciar a descubrir sus insinuantes caminos, desconociendo cual es el destino?
En un mundo de sombras me gustaría encender una vela, que nos haga entrar en razón y nos mantenga despiertos, haciendo preguntas, buscando respuestas...
Yo no tengo la culpa de que sean verdes las piedras, y que los rayos de sol, sean mis sueños, posándose en ellas.
En la espesura en el bosque, me siento errante, primitivo buscando luz, en despejados firmamentos.
La pereza, la desgana, no pueden evitar contagiarme de su libertad y de su salvaje trotar.
¿Qué culpa tengo yo, de que las nubes se contagien de mi pena, y descarguen agua dulce sobre mis lágrimas saladas?.
Remanso de mar antiguo, con olas de flores acariciando los cansados pies...
...de caminantes que eligieron un mundo de frágiles fronteras...
...que nos indican un camino donde no se descansa nunca.
Guardián de mi tierra, señor y dueño de las flores que rodean murallas franqueables...
... quiero que la niebla me acaricie, como me acarician las espumas de la mar...
... envejecer con el paciente tejo...
... sin encerrarme entre viejas paredes...
... que cuando se disipe la niebla vea que no estoy derrotado y solo, que sigo anclado a mi tierra y no he malgastado mi tiempo.