Apenas son las diez de la mañana en Poncebos cuando echamos a andar, el sol ya ilumina las piedras más altas y no tardará en hacer desaparecer las sombras del cauce del río.
Pasaran horas y penurias hasta que lleguemos a ver por donde pasaron estas aguas antes de entregarse al río Cares.
Primero hemos de hacer un buen tramo de esta ruta entre Poncebos y Caín por el sendero tallado en la roca.
Poca gente a estas horas en la ruta más transitada de España.
Y no es de extrañar que así sea pues solo quién la ha hecho puede describir la belleza de este entorno natural, y a pesar de haberla hecho ya varias veces siempre encuentro perspectivas diferentes en sus vueltas y revueltas.
Yo creo que este puente de madera que han puesto para evitar las aguas que bajan del barranco, no estaba la última vez que pasé.
Hay quién se sorprende del color que tienen las aguas del río Cares, y no es para extrañar tanto si nos fijamos en la vegetación verde que hay a su alrededor.
Al fondo se ve el Puente Pando por donde hemos de pasar.
Antes de llegar al punto donde hemos de perder la altura que cogimos hasta llegar al canal, hemos de caminar todavía un rato por la senda.
El puente aún se ve lejano y sombrío.
Pero pronto abandonamos la ruta que va quedando arriba, para precipitarnos por un estrecho sendero que nos dejará a la orilla del río y del puente al que subiremos por unas escaleras,como no, talladas en la piedra.
¿A que si, a que es indescriptible la belleza del lugar?
Torrentes de agua que salen de entre las peñas incrementan el caudal del Cares.
Hasta aquí todo muy bonito ¿no?.
Pues ahora empieza lo duro.
Yo había comenzado la ruta con tanto entusiasmo como dudas, las advertencias de su dureza a punto estuvieron de echarme para atrás.
Una breve consulta a un compañero antes del inicio me convenció: "tira hombre que tú la haces".
El desnivel es tan brutal que en tan poca distancia, echando la vista atrás ya se ve donde queda ahora la senda del Cares.
Tras un tramo de bosque del cual agradecemos su sombra salimos a unos prados que casi da pena pisar, este año tiene buen pasto la fauna y el ganado.
Dosificando las fuerzas, tomando liquido abundante y comiendo ordenadamente creo que voy bien de momento.
Pero claro, no todo va a ser "pisarpraos" y la pedrera me empieza a machacar las piernas, un paso "palante" y dos "patrás"...
...y más piedras, y un nevero, y los de delante "parriba" como fieras, aunque de vez en cuando paran y esperan, lo típico, la putada del montañero, "cuando llega el último arranca el primero".
Los calambres son cada vez más fuertes, tengo que pedir permiso a una pierna para echar la otra, de nada sirven ni el gel que he tomado ni las barritas energéticas que llevé temiéndome lo peor.
Por si me leen he de dar las gracias a Tino y a Mateo que no me abandonaron y en todo momento estuvieron dándome animo, nunca pensé que caminar cuatrocientos metros me iba a costar tanto, y si miraba para atrás la cosa no invitaba a volverse.
¡Dios, menuda canal y menudo desnivel!
Igual es peor bajarlo que subirlo
Ahora, eso si, las vistas impresionantes ¿eh?, Caín al fondo y en lo más alto Peña Santa o Torre Santa que de las dos formas se puede llamar con sus 2596 metros es la cima más alta del macizo Occidental de los Picos de Europa.
Caín un poco más cerca tirando de "zoom".
Y ya más relajado y disfrutando de las vistas, después de haberme comido el bocadillo de jamón del Bierzo que compré en el "carrefur".
¿A que mereció la pena llegar a pesar de los calambres?.
Bueno, pues la bajada en la segunda parte que seguro que os he cansado, total en la ruta solo salieron 2176 metros de desnivel.