Intento ser como el tejón de "El viento entre los sauces", símbolo del sentido común, el coraje y la determinación, sabio ermitaño, leal con sus amigos, amante del buen tiempo y de los rayos del sol, y busco el equilibrio entre lo que yace bajo la tierra y lo que descansa sobre ella.

Intento ser como el tejón de "El viento entre los sauces",simbolo del sentido común,el coraje y la

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Intento ser como el tejón de "El viento entre los sauces",simbolo del sentido común,el coraje y la determinación, sabio ermitaño,leal con sus amigos, amante del buen tiempo y de los rayos del sol, y busco el equilibrio entre lo que yace bajo la tierra y lo que descansa sobre ella.

13/9/16

TIATORDOS

Solo aquellos que estén dispuestos a caminar durante catorce horas deberían saltar esta portilla, aunque entiendo que la tentación de hacerlo sea grande porque lo que al otro lado nos espera no se puede describir con palabras.
Los carteles a la entrada también nos lo advirtieron a nosotros pero aceptamos el reto con decisión y buen animo.

¡He deseado tantas veces  poner mis pies sobre la cima de este Pico!

 Me reclama desde todos los lugares que lo he visto, años mirándonos desde Peña Salón, desde Amieva, desde el Recuencu...desde donde quiera que nos viéramos había como una conexión inexplicable y él siempre me decía:

"Súbeme, pon tus botas en mi cima, no te arrepentirás" .
Partimos del bello pueblo pongueto de Taranes cuando apenas ha amanecido y los primeros rayos del sol suavizan el paisaje iluminando los prados.
La aproximación al Tíatordos es larga pero no hay lugar para el aburrimiento pues la naturaleza sale a nuestro encuentro en cada paso que damos...  
...mostrándonos rincones de gran belleza...
...y puertas que siempre invitan a pasar.
Naturaleza salvaje, helechos que nos dan en la cara, caminos que inventar...
...tramos de fuerte pendiente, praderas verticales donde es mejor  no resbalar.
Hemos rebasado ya la acogedora copa del Tíatordos donde hemos parado un rato a reponer fuerzas y nos hemos recreado desde este precioso circo mirando la cima aún bastante lejana. 
Hay que frotarse bien los ojos para poder dar crédito a lo que alcanzamos a ver.

 Tremendos farallones, acantilados, bosques inmensos, San Juan de Beleño y sobre todo ello, majestuoso, dominándolo todo el macizo occidental de Los Picos de Europa con su cima estelar:

 Peña Santa o Torre Santa, para que no se me enfade nadie.
Tiene algo sagrado, espiritual este camino por donde andamos que nos regala medallones de plata...
...y hojas de oro en un otoño que vive aquí permanentemente.
Árboles verdes que ponen el mejor de los marcos que se le pueden poner a esta "montaña perfecta," porque así es como llaman los moradores enamorados de esta tierra al Tíatordos. 
Uno que se atrevió a saltar la valla porque la tentación era grande y sabía un poco lo que se podía encontrar más allá. 
El Recuencu también me llama pero he de decirle: "a ti ya te subí, y no te pongas celoso porque hoy esté aquí".
Piedras con curioso nombre que hoy igual es mejor no decir para no herir sensibilidades.
Nada que se interponga en el camino impedirá que sigamos subiendo.

Hemos encontrado una fuente fresquisima donde  recuperar el aliento y reponer las ya escasas reservas de agua que nos quedaban.
Creo que ya sabéis de  mi debilidad por los serbales por lo que podéis imaginar mi felicidad cuando encontré este que parece rendir culto a la montaña perfecta.
Y las nubes de algodón, y otra vez los Picos envueltos en la sombra...
...y por si algo faltaba, los rebecos, amigables, como si nos conocieran, no nos rehuyen, nos observan con la misma curiosidad que nosotros a ellos, y posan y se dejan fotografiar.

Otro de los momentos indescriptibles.
Y la cima ya más cerca, y más cerca el emocionado abrazo que nos dimos cuando pusimos sobre ella los pies cansados.
Porque si algo hubo en la ruta fue determinación, buen animo, camaradería... la mochila subió repleta de buenos sentimientos, alegrías y penas compartidas.

Lo de bajar ya fue otro cantar.
Eran las siete de la tarde de un día memorable...
...los pelos se me erizan todavía cuando escribo...
...porque aunque hasta ahora no me hayáis visto yo también subí, y desde allí, desde lo más alto extendí mis brazos y me dirigí al mundo, a los miles de millones de habitantes del planeta para decirles desde este lugar donde se respira PAZ:

"Dejad ya de guerrear"

Y si, hubo que bajar porque nos cogió la noche y no pudimos disfrutar de la foz ni del río Taranes que oíamos correr, pero vimos bailar las estrellas entre las hojas de los árboles, escuchamos cantar al cárabo, saludamos a las brujas cuando pasábamos por delante de sus cuevas, mientras echábamos en falta la luz de las luciérnagas.
Y comprendí porque le llaman la montaña perfecta.

Esta montaña es imponente pero deja que te aproximes, que la rodees y aunque nunca te pierde de vista al final se rinde al asedio y cuando lanzas el último ataque a su cima te recibe mostrándote lo mejor de ella.

Y al día siguiente, al despertar y abrir las ventanas me di cuenta de que sigue ahí, que la subí dos veces, una despierto y otra en sueños, porque no me hizo falta la radio bajo la almohada para dormir, porque la soñé, y porque me dice que tengo que volver.

Nada de esto que os cuento hubiera sido posible sin ellos, sin el maestro y sin alguien que trabaja por un sueño. 

18/8/16

SERBAL DE LOS CAZADORES

Entre las ramas de aquel serbal,de frutos rojos encendido,
 me pareció escuchar un mirlo, recitando los versos que leí en "El lápiz del carpintero".

"Tanta paixón e tanta melodía
tiñas nas túas veas apreixada,
que unha paixón a outra paixón sumada
no breve corpo teu xa non cabía".

"Tanta pasión y tanta melodía
tenías en tus venas apresada,
que una pasión a otra pasión sumada,
ya en tu breve cuerpo no cabía".

Manuel Rivas

El lápiz del carpintero

29/7/16

HITO...


..."Mojón o poste de piedra que indica una dirección en

 los caminos o señala los límites de un territorio".


Pues así va pasando el verano, mirándolo todo,sin perder

detalles y marcando caminos sin limites ni fronteras.

29/6/16

CANAL DE PIEDRA BELLIDA-II

Bueno, pues ya repuestos del palizón de la subida nos disponemos a bajar después de disfrutar un buen rato de las espectaculares vistas que hemos tenido desde el Collado Cerredo, un lugar que según he leído en alguna parte dicen que quién no conoce este collado, no conoce los Picos.

Por encima de esa pequeña formación boscosa discurre el marcado sendero que nos va a llevar hasta el pueblo de Bulnes, y aviso que no es tan sencillo hacerlo porque tiene un fuerte desnivel de bajada.  Espero que no retornen los calambres. 
Aunque estemos  ya metidos en pleno verano, la nieve caída estos últimos días hace  que Cueto Albo luzca aún más blanco.
La majada de Amuesa tuvo años de mucha actividad ganadera, hoy aún quedan algunos rebaños.

 Resulta un poco triste ver como se desmoronan con el paso del tiempo las paredes de sus preciosas cabañas.
Dejamos atrás los Cuetos del Trave y desde el Collado Cima comenzamos a bajar la Canal de Amuesa...
...dejando atrás la tentadora cima de Cueto Albo.
Primeras zetas de la canal...
...y al fondo, tirando de zoom, Bulnes.
Terreno pedregoso y mal firme, hay que bajar con mucho cuidado...
...tanto da si es piedra suelta como si es hierba fresca, un resbalón o una torcedura no es la mejor manera de terminar un bonito día de montaña.
Cuando miras hacia atrás te resulta increíble ver donde parte la canal y por donde hemos bajado.
Hemos llegado a Bulnes, lo lógico hubiera sido parar a tomar una cerveza a la orilla del río pero estamos advertidos que vamos muy justos de hora.
Un cartel nos indica que nos queda una hora de bajada hasta Poncebos por la Canal del Texu..
Llegamos al puente del Jardu y cruzamos a la otra orilla del río, muy cerca ya del final de la ruta.
Seguro que con lo que come, esta cabra no padece de calambres, igual tenía que haber subido yo al espino a comer su fruto verde antes de empezar la ruta.

Total que nos ha sobrado media hora, estaba calculado hacerlo en nueve horas y hemos tardado ocho y media, así que ahora si que nos tomamos las merecidas cervezas.

24/6/16

CANAL DE PIEDRA BELLIDA-I

Apenas son las diez de la mañana en Poncebos cuando echamos a andar, el sol ya ilumina las piedras más altas y no tardará en hacer desaparecer las sombras del cauce del río.

Pasaran horas y penurias hasta que lleguemos a ver por donde pasaron estas aguas antes de entregarse al río Cares.
Primero hemos de hacer un buen tramo de esta ruta entre Poncebos y Caín por el sendero tallado en la roca.
Poca gente a estas horas en la ruta más transitada de España.

Y no es de extrañar que así sea pues solo quién la ha hecho puede describir la belleza de este entorno natural, y a pesar de haberla hecho ya varias veces siempre  encuentro perspectivas diferentes en sus vueltas y revueltas.
Yo creo que este puente de madera que han puesto para evitar las aguas que bajan del barranco, no estaba la última vez que pasé.
Hay quién se sorprende del color que tienen las aguas del río Cares, y no es para extrañar tanto si nos fijamos en la vegetación verde que hay a su alrededor.
Al fondo se ve el Puente Pando por donde hemos de pasar.
Antes de llegar al punto donde hemos de perder la altura que cogimos hasta llegar al canal, hemos de caminar todavía un rato por la senda.
El puente aún se ve lejano y sombrío.
Pero pronto abandonamos la ruta que va quedando arriba, para precipitarnos  por un estrecho sendero que nos dejará a la orilla del río y del puente al que subiremos por unas escaleras,como no, talladas en la piedra.
¿A que si, a que es indescriptible la belleza del lugar?
Torrentes de agua que salen de entre las peñas incrementan el caudal del Cares.
Hasta aquí todo muy bonito ¿no?.

Pues ahora empieza lo duro.

 Yo había comenzado la ruta con tanto entusiasmo como dudas, las advertencias de su dureza a punto estuvieron de echarme para atrás.

 Una breve consulta a un compañero antes del inicio me convenció: "tira hombre que tú la haces".
El desnivel es tan brutal que en tan poca distancia, echando la vista atrás ya se ve donde queda ahora la senda del Cares.
Tras un tramo de bosque del cual agradecemos su sombra salimos a unos prados que casi da pena pisar, este año tiene buen pasto la fauna y el ganado.
Dosificando las fuerzas, tomando liquido abundante y comiendo ordenadamente creo que voy bien de momento.
Pero claro, no todo va a ser "pisarpraos" y la pedrera me empieza a machacar las piernas, un paso "palante" y dos "patrás"...
...y más piedras, y un nevero, y los de delante "parriba" como fieras, aunque de vez en cuando paran y esperan, lo típico, la putada del montañero, "cuando llega el último arranca el primero".
Los calambres son cada vez más fuertes, tengo que pedir permiso a una pierna para echar la otra, de nada sirven ni el gel que he tomado ni las barritas energéticas que llevé temiéndome lo peor.

Por si me leen he de dar las gracias a Tino y a Mateo que no me abandonaron y en todo momento estuvieron dándome animo, nunca pensé que caminar cuatrocientos metros me iba a costar tanto, y si miraba para atrás la cosa no invitaba a volverse.

¡Dios, menuda canal y menudo desnivel!

Igual es peor bajarlo que subirlo
Ahora, eso si, las vistas impresionantes ¿eh?, Caín al fondo y en lo más alto Peña Santa o Torre Santa que de las dos formas se puede llamar con sus 2596 metros es la cima más alta del macizo Occidental de los Picos de Europa. 
Caín un poco más cerca tirando de "zoom".
Y ya más relajado y disfrutando de las vistas, después de haberme comido el bocadillo de jamón del Bierzo que compré en el "carrefur".

¿A que mereció la pena llegar a pesar de los calambres?.

Bueno, pues la bajada en la segunda parte que seguro que os he cansado, total en la ruta solo salieron 2176 metros de desnivel.

16/6/16

LÁGRIMAS

...si me sonrieras cuando te doy el beso de buenas noches,

mis lagrimas prisioneras no me impedirían ver el bosque,

 las lágrimas que no se liberan, duelen.