Intento ser como el tejón de "El viento entre los sauces", símbolo del sentido común, el coraje y la determinación, sabio ermitaño, leal con sus amigos, amante del buen tiempo y de los rayos del sol, y busco el equilibrio entre lo que yace bajo la tierra y lo que descansa sobre ella.

Intento ser como el tejón de "El viento entre los sauces",simbolo del sentido común,el coraje y la

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Intento ser como el tejón de "El viento entre los sauces",simbolo del sentido común,el coraje y la determinación, sabio ermitaño,leal con sus amigos, amante del buen tiempo y de los rayos del sol, y busco el equilibrio entre lo que yace bajo la tierra y lo que descansa sobre ella.

23/10/20

CASTRO VALNERA


Mi maltrecha espalda y mis costillas necesitaban notar sobre ellas el peso de la mochila.

El Castro Valnera llevaba mucho tiempo esperándome.

Unos pocos kilómetros por carreteras con desniveles de vértigo, antes de entrar en un hayedo que me recibió vestido con sus mejores galas otoñales.

Costó salir del bosque, más,  hay que seguir caminando y antes de abandonar las sombras, me despedí de todos los árboles que ya cuento como amigos. 

Un cielo limpio, acoge un  sol que deslumbra la mirada, pero en el suelo encuentro su luz, reflejada en la nervada hoja del roble. 


Es el Castro Valnera una emblemática montaña que divide, pero no separa, dos comunidades.

Partimos de la  vertiente burgalesa saliendo de las cabañas  de El Bernacho.

En este collado hacemos un alto para reponer fuerzas mientras nos vigila desde sus 1495 metros de altitud el pico La Capía.

El camino, marcado y poco complejo...

...nos enseña donde nacen las fuentes...

...y nos sorprende con una fina capa de nieve.

Hemos llegado a la cima, 1718 metros sobre el nivel del mar Cantábrico, que se adivina, a lo lejos, y se confunde con el cielo, dejando atrás toda la gama de colores verdes que se puedan imaginar. 

Castro Valnera, Norte y Sur, Cantabria y Castilla, la cota más alta entre los Los Picos de Europa y el Pirineo navarro.

Las Merindades, los Valles Pasiegos, "portillos", ríos, (Miera, Trueba, Pandillo),  cabañas... 
 

...picos con sabor, ( Pico La Miel)...

... serpenteantes pendientes...

... que nos devuelven al valle de donde partimos y a las desoladas cabañas de El Bernacho.

Maduran  los frutos del otoño, pasan los minutos y caen las hojas de los árboles.

10/10/20

DESTINO


¿Qué nos trajo hasta aquí?.

¿Quién fue el culpable?.

¿Fue el destino?.

¿O fuimos nosotros eligiendo el camino equivocado?.


 

23/9/20

OTRA VEZ "EL TARDÍU"


" Por fin!!! Por fin!!! No toda la melancolía es triste...o no todo en otoño es melancolía...

Ay que ganas tenía de que se fuera este sopor inmundo, este exceso en todos los sentidos.

 El otoño será amable con las vidas, regará los sueños, deshinchará vanidades.

 Y regalará sus cosechas, frutos, aromas y colores a todo el que las haya sembrado, o el que los quiera recoger.

 Tiempo de fiestas de otras formas y de otras gentes, a otro calor, el de los hogares".

Seguro que quién dejó ya hace tiempo éste comentario en una de las entradas de mi blog, ya no lo recuerda.

Todavía está despotricando contra los calores del verano.

6/9/20

VIAJE INTERIOR


 Serpenteando entre penumbras,

llegué a un lugar donde dormí,

bajo un manto de estrellas,

que dieron respuesta

a todas mis preguntas.

13/8/20

AL INSTANTE LO VIMOS


Al instante lo vimos.

Las olas eran dos

y tenían ojos verdeaguados

que nos miraban

al arribar a aquella playa

frente a los altos cerros cántabros.

Pájaros libres brillaron

en tu rostro para mi.

Al instante lo vimos.

Las olas eran dos y nos miraron.

No estáis solos,

reverdecéis sanos y escarpos.

Los oleos santos

a ras de agua cantando dieron

su espuma alegre

al atrio parco de oscura iglesia.

Al instante lo vimos:

paisaje antiguo

donde las ninfas recogen copos

y hojas caídas que tanto embriagan.

Y el atrio, en llamas,

de iglesia negra.


Manolo García a veces hace letras que son canciones...aunque no las ponga música.

Ésta es de su libro:

El fin del principio.

Una de mis lecturas de este atípico verano.

Puesta de sol en "El Bolao".

22/7/20

ASCENSIÓN AL SAN CARLOS POR LA JENDUDA


En el muro ciclópeo quedan heridas de viejas guerras. 

¿Qué espada tan gigantesca pudo crear semejante tajo?

Por la hendidura profunda ascendemos penosamente, con los cuerpos inclinados en señal de respeto y mensaje de paz.

Remontamos la inestable pedrera, que amenaza con arrojarnos al fondo, como parte de un flujo viscoso en una herida abierta.

En la masa movediza está escrito que el destino las montañas solo se diferencia del nuestro por una cuestión de tiempo:

todos seremos arena cayendo pendiente abajo.

De la angostura salimos a un espacio abierto, donde soñar libertades cabalgando entre torres.


Podemos imaginar en cada torre una dama, a la espera de alguien que se merezca recibir su pañuelo.
Por suerte para nosotros, Las Damas de Los Picos no rinden pleitesía a los vencedores de un torneo, sino a los que culminan con esfuerzo un trabajo de equipo.

Como todas nos parecen idóneas para alcanzar los honores, elegimos el San Carlos, que es una torre suficientemente cercana.
Mientras avanzamos entre riscos, encontramos que un invierno tardío no ha acabado de retirar sus alfombras.

 ¿No puede ser que, después de un duro confinamiento, estuviese extendida para dar solemnidad a nuestra vuelta a la vida?

En la vertical de la cumbre nos sentimos impelidos a aumentar nuestros méritos con una ascensión elegante.


En el lenguaje de La Peña, la elegancia se traduce en buscar algún canalizo por dónde subir a derecho y jugar a rebecos.

Y si en la cumbre hay una dama, no te coloca su pañuelo, lo retira de tus ojos para que posean toda la belleza que les es dado abarcar.

Como la alegría produce ingravidez, para descender buscamos una alfombra inclinada, donde sea la nieve quien ayude a deslizar nuestros cuerpos.
Es como nieve bendita de una extraña primavera,
que ha esperado a fundirse,
para que un veterano de montañas,
pero principiante de invernales,
un profano también llamado Jesús,
pudiera rodearse de amigos,
que no de dioses,
para celebrar su bautizo
con crampones y piolet
sin que haya más cosa sagrada
que el eco de las sonrisas,
en las montañas alborozadas.


Si hasta aquí llegué, sabed que todo ello fue gracias a unos formidables amigos de montaña, que me lo dieron todo hecho.

Yo solo he puesto el esfuerzo y algunas fotos de una memorable jornada, que bien pudo ser invernal pero que aunque cueste creerlo fue el 9 de junio de 2020, recién salidos del confinamiento.

Los Picos de Europa siempre sorprendentes.

Gracias, Ibai, gracias Quillo por la compañía y el entusiasmo.

Y gracias, Antonio por todo lo demás, el texto es maravilloso.

Pico San Carlos, (2390 m) Macizo Central de Los Picos de Europa.

Cantabria.