"Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar"
ANTONIO MACHADO

Intento ser como el tejón de "El viento entre los sauces",simbolo del sentido común,el coraje y la

21/4/14

POR LOS LABERINTOS DEL ASÓN

Decía Manuel Llano:
"De nada sirve exaltar el nombre de las cosas bellas si nada más que las sentimos cuando las deseamos y no cuando las compartimos"
De nada me serviría a mi haber hecho esta ruta por los laberintos del Asón si no la comparto con vosotros.
Fue el pasado domingo día 13, comienzo de una semana de procesiones y, si, estas son las procesiones que más me gustan.
Una procesión donde se sufre.
"Para triunfar hay que padecer"
Lo decía también Manuel Llano
Y hay que meterse en las entrañas de la tierra, esa tierra a la que herimos y maltratamos y que siempre nos brinda sin pedir nada a cambio un caudal de sensaciones.
Donde admirar la fortaleza del tejo que nace en la grieta de la piedra y se estira en busca de la luz para asegurar su supervivencia.
"El sacrificio es la simiente de la victoria".
La angostura del camino se abre de repente en forma de ventana para que nos asomemos y veamos la nieve en las montañas.
Hay que andar buscando el equilibrio como lo buscan las rocas que desafían a la ley de la gravedad.
Si alguna vez deseáramos aislarnos del mundo, este sería un buen refugio.
Pobre tierra calcinada, herida por la llamada "cultura del fuego" que se se sigue practicando y que quienes lo hacen no saben que así no se consiguen frutos.
"Es el sufrimiento del suelo para llegar a vestirse con las galas verdes"
"Con el ánimo sucede lo mismo. Sus padecimientos en busca de las galas de la cosecha son el afán, la fatiga, el tundir esta pereza, el desgarrar esta inquietud nociva para nuestra marcha...
...el quemar ese deseo vanidoso, esa impaciencia de querer llegar cuando el talento, la obra, la técnica aún están verdes".
El camino es estrecho pero no hay lugar para las dudas.
"La incertidumbre es cruel como el dolor"
"La infancia termina en el instante en que se pierden las ganas de jugar"
"La sinceridad es la que hace las vías largas y perdurables, el único cimiento eterno de las cosas. No subsiste lo que no es sincero".
"¡Qué lástima que no haya anjanas!¡Todas las personas debían de ser anjanas para las personas!."
"El ejercicio de bastardeado de una buena doctrina siempre me ha parecido un charco en el que se reflejan unas estrellas. La única verdad es el charco, el turbio charco. Las estrellas parece que están allí, pero no están allí."

Pues habrá que seguir buscando las estrellas.

Las frases entrecomilladas y en negrita pertenecen a los pensamientos de Manuel Llano, me las he apropiado para describir esta larga ruta de más de 22 kilómetros por los laberintos del Asón, en una jornada donde hubo mucho tiempo para meditar y compartir sensaciones.

10/4/14

AL AGUA PATOS

 Vamos perezosos, al agua, que  ya vienen como cada año jorobando.

¿Quien quiere jorobarnos mamá pata?.

Pues los de siempre,¿quienes van a ser?
.
 Ya están llamando para que limpien el río.

-Que si  está lleno de maleza, que si se ha caído un árbol y si llueve puede hacer presa, que si salen malos olores, que si se van a meter las ratas en casa...

Jo, con lo bien que estamos aquí al solecito, atusandonos las plumas.
Tanto saneamiento, tanta depuradora y tanto encauzamiento
 ¿Y quienes son los de siempre,mamá pata?.

-Pues los de siempre son esos que se empeñan en someter a la naturaleza construyendo las casas junto al cauce de los ríos, apartamentos donde salpican las olas, barbacoas en el monte...
...se sirven de la naturaleza y la envenenan al mismo tiempo y nunca miran a los patos que vivimos en el río.

6/4/14

PICO PIENZU

Ya hace un tiempo que aprendí de un buen maestro el proverbio persa que dice:"La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de fruto muy dulce".

Tras años de paciencia por fin pude hacer realidad conocer  la Sierra del Sueve, un macizo calcáreo muy próximo al mar Cantábrico en la cercana Asturias, y todas sus singularidades.

Salimos  acompañados por unos buenos amigos del club de senderismo "La Huella" de Colunga.

Nos conducen por el hayedo de La Biescona, un entorno de gran belleza con todos los verdes imaginables y donde los rayos de sol tratan de colarse entre los árboles.
En una de sus revueltas, al lado del sendero encontramos un jabalí  y fue el suceso triste del día pues el pobre animal, al que pintan tan fiero cuando está herido, se sintió acorralado y hacía enormes esfuerzos  tratando de esconderse bajo la hojarasca.

Se desató entre todos la eterna polémica entre partidarios y enemigos de la caza, yo me manifiesto contrario a ella y expongo mis argumentos pero no soy amigo de entrar en discusiones que a nada conducen cuando no hay forma de acercar posturas, vale más serenar los ánimos  continuar la marcha y pienso en buscar la defensa civilizada que de la caza hacía Miguel Delibes y que os dejo al final de la entrada.
Nunca vieron estas brañas una invasión tan colorida y se sorprendían otros senderistas que pasaban al ver un catering tan concurrido y tan bien surtido.
Estamos en los dominios del caballo asturcon, una raza propia de estas montañas que se  está tratando de reintroducir en las comunidades próximas donde ha quedado extinguida, quizás alguien podría decirnos si los de la foto pertenecen a tal raza pues una de las características más singulares de los asturcones es que son de pelo oscuro y negro y tienen una estrella de pelo blanco en la frente.
 La luz del día no permite hacer buenas fotos de todas las montañas que vemos  alrededor, el objetivo está delante, subiendo una cuesta bastante pindia, el Pico Pienzo espera nuestra llegada jadeante.
Su cima a 1161 metros está cada vez más cerca bajo un espectacular cielo azul...
...que se prolonga más allá de las montañas y se confunde con el azul del Cantábrico.
Unas vistas extraordinarias en este despejado día que permite que luzca más aún si puede, otra de las singularidades de esta  Sierra del Sueve. Sus 8.000 ejemplares hacen que esta tejeda sea una de las más numerosas del continente europeo.
Es una lástima que estos centenarios árboles no se rejuvenezcan  pues su entorno no está protegido del pasto de los animales que impiden brotes nuevos.

Dejamos atrás la cumbre del Pienzu antes de introducirnos entre la sombra de los tejos...
...y al pie de uno de ellos, muy viejo, dejamos transplantado este ejemplar acarreado a mi espalda, sacado de un retoño de la cántabra Braña de los Tejos, como símbolo de hermanamiento, buscando más lo que nos une que lo que separa a cántabros y asturianos, dejando para los fanáticos del fútbol,(Racinguistas y Ovetenses) que se lían a manporros donde quiera que se encuentran ofreciendo vergonzosos espectáculos.
Y volviendo al principio de la entrada, aquí dejo para muestra de lo que dicen de las raíces amargas que afloran en la tierra y se agarran con un tremendo afán de supervivencia a las piedras...
...y alimentan los dulces y comestibles  frutos rojos, única parte del árbol que a pesar de la creencia general no es venenosa de este árbol venerado por nuestros ancestros.
Acabamos la ruta en Gobiendes y marchamos llevándonos buenos  recuerdos de Colunga y sus gentes, su paisaje, sus playas, los manzanos, los helados y hacemos votos para volvernos a encontrar en las montañas.

¿Qué puedo yo decir sobre la caza que no haya dicho antes? En estas circunstancias, uno acaba, como casi siempre, agarrándose al famoso prólogo del maestro, repitiendo aquello de que la caza torna paleolítico al hombre civilizado y le procura unas vacaciones de humanidad. Porque esto que el señor Ortega dijo hace exactamente cuarenta años, cuando aún el corsé de la civilización no nos oprimía tanto, se va acreditando a cada año que pasa. Ahora bien, siendo esto verdad, ¿es toda la verdad? Al salir al campo cada domingo, ¿procuramos solamente sentirnos paleolíticos por unas horas? Yo creo que a esto habría que añadir un matiz sustancial. El hombre-cazador o el hombre-pescador, que tanto monta, sale al campo, no sólo a darse un baño de primitivismo, sino también a competir, a comprobar si sus reflejos, sus músculos y sus nervios están a punto, y para ello, nada como cotejarlos con los reflejos, los músculos y los nervios de animales tan difidentes y escurridizos como pueden serlo una trucha o una perdiz. Tenemos, pues, que en la caza subyace un sentimiento de confrontación, de duelo, que tiende en definitiva a demostrarnos si nuestra inteligencia y nuestra resistencia física son capaces todavía de imponerse al instinto defensivo, la rapidez y la astucia, de una perdiz o un conejo. Esta competencia implícita exige una lealtad, una ética. El hombre-cazador debe esforzarse, por ejemplo, porque este duelo se aproxime al rigor que presidía los torneos medievales: armas iguales, condiciones iguales. Por sabido, la perdiz no podrá disparar sobre nosotros, pero nosotros quebraremos el equilibrio de fuerzas, incurriremos en deslealtad o alevosía, si nos aprovechamos de sus exigencias fisiológicas (celo, sed, hambre), de sofisticados adelantos técnicos (transmisores, reclamos magnetofónicos, escopetas repetidoras), o de ciertos métodos de acoso (batidas, manos encontradas) para debilitarla y abatirla más fácilmente. De aquí que yo no considere caza, sino tiro, al ojeo de perdiz y recuse la caza del urogallo -mientras canta a la amada, a calzón quieto-, por considerarlo un asesinato. En una palabra, para mí, la caza exige un desgaste, una cuota de energía -cada cazador debe elaborarse por sí mismo su propia suerte- y un respeto por el adversario, lo que equivale a decir que el éxito de una cacería no depende del morral más o menos abultado conseguido al final de la jornada, sino del hecho de que nuestros planteamientos tácticos y estratégicos hayan sido acertados y al menos en alguna ocasión hayamos logrado imponerlos a la difideñcia instintiva de la pieza. Entendida la caza de este modo, una jornada de dos perdices, bien trabajadas, limpiamente abatidas, puede ser más gratificadora que otra de dos docenas con todos los pronunciamientos favorables. No es, pues, la cantidad, sino la dosificación de nuestro esfuerzo y el acierto de nuestras intuiciones, lo que determina el éxito o el fracaso de una cacería; nuestro grado de satisfacción, en suma.

 De lo antedicho se deduce que la caza-caza, la caza al salto o en mano, tal como yo la. practico, constituye un auténtico ejercicio deportivo. Hay, sin embargo, quien no repara en sutilezas y considera que la caza, en cualquiera de sus manifestaciones, es un esparcimiento cruel. Nos llevaría demasiado tiempo discutir este extremo, mas si admitimos que el hombre es un animal carnívoro y que para mí no es lícita la caza de un animal gastronómicamente inútil, convendremos que la muerte de una perdiz de una perdigonada no es objetivamente más cruel que cualquiera de los métodos que habitualmente se emplean para el sacrificio de las aves de corral. No deja de ser chocante que, a medida que en la sociedad actual se endurece la postura del hombre contra el hombre -las recientes y horribles matanzas de Beirut y la tibia reacción del mundo así lo acreditan- se extiende un hipócrita franciscanismo que contrasta con aquellas actitudes. En Alemania me contaban que uno de los guardianes del campo de exterminio de Dachau, lloró el día que se le murió un canario.

MIGUEL DELIBES.

Si hay que volver al primitivismo entenderé la defensa que hace Delibes de la caza, pero mientras tanto prefiero disentir de tan buenos argumentos y manifestarme en contra de ella y más si es de la forma en que se están abatiendo lobos y otras especies.

27/3/14

SANTA MARÍA DE RIOSECO

Si quienes nos gobiernan no tuvieran la desvergüenza de malgastar los dineros de todos en aeropuertos sin aviones, puertos deportivos sin barcos ni yates, piscinas olimpicas sin olimpiadas, autopistas de peaje cerradas porque no las puede pagar nadie; nuestros mayores no tendrían que pagarse las medicinas, no habría listas de espera en los hospitales, las escuelas no habrían despedido educadores y el rico patrimonio que atesora este país no estaría por los suelos.

Un triste ejemplo que traigo hasta mi cueva hoy, es el Monasterio Cisterciense de Santa María de Rioseco, muy cerca de Villarcayo en la provincia de Burgos.

Levantado en el siglo XIII produce una gran tristeza ver el estado de sus piedras, donde antes era todo belleza, hoy  todo es triste y desolador...

...aunque los rayos del sol que se cuelan por el claustro parecen empeñarse en que sus bóvedas aún conserven parte de su esplendor.
Si de verdad hubiera un Ministerio de Cultura, el agua todavía correría por estos canales y abrevaderos...
...y regarían las fértiles tierras y huertos de los que a buen seguro sacaron sus moradores buenas cosechas.
Olería a pan recién hecho en este precioso horno de piedra...
...hasta las aguas del Ebro escucharían cada día el tañido de las campanas del monasterio...
... las hiedras  no se habrían adueñado de las piedras hasta hacer caer las paredes...
...el ángel tallado en las alturas no tendría esa cara de espanto...
...la Cilla estaría llena de grano y tinajas de vino...
...los muertos descansarían en paz y no habrían visto sus huesos profanados y esparcidos por el suelo...
...la humedad no habría criado musgos en sus techos y podríamos disfrutar de sus pinturas.

Los arcos de piedra no adornarían casas y fachadas de ricos y potentados, los retablos de madera no colgarían en salones fastuosos y recargados de cuadros expoliados.

Para que no todo sea tan desolador he de contaros que así y todo, aún queda un grupo de voluntarios que dedica tiempo y esfuerzos que pugnan por mantener vivo y devolver parte de la dignidad que tuvo este monasterio.
 Es irrisoria la cantidad que han dado los Fondos Europeos para  el Desarrollo Rural (FEDER).

18.000 Euros.