Intento ser como el tejón de "El viento entre los sauces", símbolo del sentido común, el coraje y la determinación, sabio ermitaño, leal con sus amigos, amante del buen tiempo y de los rayos del sol, y busco el equilibrio entre lo que yace bajo la tierra y lo que descansa sobre ella.

Intento ser como el tejón de "El viento entre los sauces",simbolo del sentido común,el coraje y la

14/9/17

VIENTO EN EL HUMO


Cuando eras pequeño, un poco más que ahora, te gustaba dibujar casas. En aquellos trozos de tiempo que eran todos tuyos, segundo por segundo. En retales de hojas que habías estropeado en la escuela. O en las cuartillas que le habían sobrado a tu madre. O en cualquier pedazo arrugado del cuaderno en el que cupiera un sueño.

Empezabas por el tejado, naturalmente. El trazo era ya automático, buscaba un cono a dos aguas, luego lanzabas la perspectiva hacia atrás y creabas el rectángulo. De ahí, la punta negra y grasosa perfectamente afilada resbalaba hacía abajo y creaba muros que pararían el viento. Las ventanas eran fundamentales; varias, pequeñas, y una más grande.  Y una redonda arriba,en el desván. La puerta en el centro de la parte frontal.  Con su manilla. Ahora llegaba lo mejor. El árbol: podía ser uno enorme, redondo, o varios alargados.  Pero siempre mucho más altos que la casa. A un lado. Al otro, un riachuelo que bajaba la pendiente serpenteando, paralelo al caminillo que salía de la puerta de casa. Al final, la chimenea. Un pequeño prisma perfecto que daría calor. Y el viento en el humo; porque estaba encendida.

Quizás si el tiempo se estiraba, lo que sucedía a menudo, lo coloreabas. Naturalmente, de verde…Los campos verdes del fondo y de delante, los árboles verdes también, más oscuros.. Aquel verde rabiosamente verde  lo tapizabas con algunas flores, rojas, claro.

Fuiste perfeccionando el boceto con unas escaleras de piedra. Ahí había que ir al detalle. Las piedras se engarzaban unas con otras sin pegamentos, en una sintonía perfecta e indestructible. Igual que las del muro que definía los prados  y bajaba la cuesta hasta el primer plano de la línea de fuga.

Unos pocos años más tarde, y justo antes de dejar de dibujar casitas, te dio por colocar en tu secreta ilustración un hombre. Se parecía a abuelito. A ese que conoces sólo por lo que mamá te contó, al que sólo viste una vez, y esa bastó. Estaba tranquilamente sentado en medio de las escaleras, con su bastón, su camisa blanca inmaculada, y esa expresión que sólo tenía él de “Soy yo.  Esta es mi casa. Aquí estoy, y estaré siempre.  Y todo va a ir bien”

 Ese tejado en punta con su chimenea encendida, y ese verde, y esas escaleras de piedra. Y los árboles y el agua. Y el viento en el humo. Y esa expresión…que te has pasado la vida buscando, y no has vuelto a encontrar. Hasta ahora.


Quienes me seguís sabéis que de vez en cuando tengo fotos que cuentan historias que yo no me atrevo a escribir y es entonces cuando recurro a alguno de vosotros y os envío la foto para que os cuente lo que a mi no me quiere decir.

Esta se la envié a Mónica y bien se ve por lo que la foto le contó que ahí, muy cerca de una de esas cabañas pasiegas tiene sus ancestros y sus orígenes... y que no los olvida.

Muchas gracias, Moni.

A Moni podéis seguirla AQUÍ y AQUÍ, picad en los enlaces, no os va a defraudar, pero hacedlo con cuidado, no asusteis mucho a Humo ni a los gatos. 

Esta semana la colaboración ha sido por partida doble. 

Mirad AQUÍ la historia que le contó a Nieves la foto de las cebollas que le envié.

Gracias,Nieves.

1/9/17

RELATO DE UNA RUTA QUE NO FUE

Mila se quedó mucho más tranquila cuando leyó el "guasap" donde le decía que debido al fuerte viento y al aviso de tormentas  no funcionaba el teleférico y por tanto no se podía subir a la estación superior del cable, para desde allí acercarnos al Llambrión, (la segunda cumbre más alta de Los Picos de Europa), con la intención de posar las botas sobre su cima.
Verás como le sacas partido a la ruta alternativa, me dijo Mila.

Y acertó.

Sin darle  más vueltas y sin pensarlo mucho nos introducimos en una de las muchas reliquias que esconde la comarca lebaniega aparte de las de Santo Toribio.

Uno de los pocos bosques atlánticos que quedan en la Península Ibérica intercalado entre prados y montañas, con toda su extensa  flora y fauna al que intentamos dar más variedad de colores.
Las recientes lluvias tras un largo periodo de sequía logran que comiencen a brotar entre el intenso verde del musgo las setas y los hongos. 
Los frutos de la zarza, los brezos y arbustos proporcionan alimento y refugio a numerosas aves.
El hombre es un poema tejido con la niebla del amanecer, con el color de las flores, con el canto de los pájaros, con el aullido del lobo o el rugido del león. El hombre se acabará cuando se acabe el equilibrio vital del planeta que lo soporta. El hombre debe amar y respetar la tierra como ama y respeta a su propia madre“.

Así pensaba el amigo Félix y hago mío su pensamiento.
El frondoso y umbrío hayedo abre ventanas a nuestro paso para dejarnos ver las montañas que hoy no podemos subir.
Sin un elevado nivel de precipitaciones la existencia de estos bosques no sería posible y son los propios árboles los  que crean las nubes que regarán sus raíces.
El mundo es espantoso para el ciudadano medio que vive en colmenas, urbes monótonas y horrísonas, calles sucias recibiendo cultura como píldoras y mensajes que no se ha demostrado que sean perfectos. Nuestra era se recordará en un futuro feliz, si es que se llega, con verdadero terror. El hombre tiene necesidad de libertad, del campo, del cielo, de tiempo para no hacer cosas…. y aprender a imaginar."

Hago mío también este lamento de Félix Rodríguez de la Fuente.

Cuando sintáis la  necesidad de ser libres, abandonad la monotonía de las calles asfaltadas, introduciros en un bosque y dejad que os mojen las nubes con forma de ubre.

El Llambrión se quedó esperándonos.