La rebeldía ya no es la misma de mis dieciocho años.
Aún sigo caminando en dirección contraria ante un desolador escenario.
Callo y guardo silencio pero la rebeldía echó raíces en mi interior
y la sigo regando con el paso del tiempo.
Hoy mi rebeldía camina en silencio, no hace ruido al pasar.
No quema rascacielos ni levanta muros.
Es por ello que como un acto de rebeldía a contracorriente y ante un paisaje sombrío
reivindico que la empatía y la humanidad entre e ilumine corazones oscuros.
Solo rebelándome podré recordar con los ojos cerrados
el olor a leña, la escarcha en los prados,
el tañido de las campanas y los cristales empañados.
Quiero ver amanecer, con los ojos apretados.
...y mientras tanto suena:

No hay comentarios:
Publicar un comentario