La rebeldía ya no es la misma de mis dieciocho años.
Aún sigo caminando en dirección contraria ante un desolador escenario.
Callo y guardo silencio pero la rebeldía echó raíces en mi interior
y la sigo regando con el paso del tiempo.
Hoy mi rebeldía camina en silencio, no hace ruido al pasar.
No quema rascacielos ni levanta muros.
Es por ello que como un acto de rebeldía a contracorriente y ante un paisaje sombrío
reivindico que la empatía y la humanidad entre e ilumine corazones oscuros.
Solo rebelándome podré recordar con los ojos cerrados
el olor a leña, la escarcha en los prados,
el tañido de las campanas y los cristales empañados.
Quiero ver amanecer, con los ojos apretados.
...y mientras tanto suena:
Caminar en silencio, pero nunca dejar de sentir.
ResponderEliminarUn abrazo
Pobre del que no albergue sentimientos, Vera.
EliminarUn abrazo.
Quizás con los años la rebeldía no es tan efusiva pero siempre queda algo.
ResponderEliminarSaludos.
Siempre quedarán rescoldos, amigo Tomás.
EliminarUn abrazo.
Siempre queda algo de rabeldía, aunque no se manifieste exteriormente.
ResponderEliminarSaludos
Lo que importa es que la llevemos en nuestro interior y se manifieste ante las injusticias, Antonia.
EliminarUn abrazo.
Quién nace rebelde, muere rebelde, aunque sea a los 100 años.
ResponderEliminarSaludos
Verdad verdadera, Pini.
EliminarUn abrazo.
"Perro huevero aunque le quemen el hocico." Un abrazo.
ResponderEliminarMuy bueno, Gil, me lo apunto.
EliminarUn abrazo.