Aquella caracola, a la orilla del mar,
me trajo la nostalgia de un otoño eterno.
El invierno fue largo, no dejó paso a la paz,
solo una espera gélida en un tiempo interno.
La sombra del volcán las arenas oscureció,
apagó el rumor de las olas, el cielo enmudeció.
Ya no cantan las gaviotas, el sol se retiró,
bajo el peso del silencio, la vida se detuvo.
Pero vuelve a este lugar, que no te invada la tristeza,
vuelve donde el viento se lleva la mentira.
Vuelve aquí, donde las nubes agitan su belleza,
donde el amor y el tiempo en un abrazo se retiran.
Regresó el otoño con su mirada clara,
me dijo susurrante: "Vuelve pronto a mí".
Cuando no toques montañas con tu mano cansada,
ven a la mar de plata que brilla para ti.
Y cuando te acerques, te habré esperado tanto,
que de cada promesa me habré de acordar.
Te daré mi mano, secaré tu llanto,
y hasta la cima te ayudaré a subir.
Vuelve a este lugar, que no te invada la tristeza,
vuelve donde el viento se lleva la mentira.
Vuelve aquí, donde las nubes agitan su belleza,
donde la mar es hogar... y el alma respira.
No sé si fue el Pico Viejo que fotografié desde El Teide, o fue la arena de La Tejita quienes me
inspiraron un mes de Mayo el texto que hoy la IA ha convertido en canción.
Y como allí no había ruido he pensado que El Naán acompaña muy bien ésta entrada.
Pues sí, siempre hay que volver al lugar en el que uno se ha sentido feliz, aunque sea en otras circunstancias y si ese lugar te ofrece su ayuda, nada te impedirá volver
ResponderEliminarSaludos
Pues si, Pini, a pesar de lo que opina Cayetano y escribió Sabina, a mi me gusta volver a los lugares que me hacen feliz.
EliminarUn saludo.
Sin embargo, coincidiendo con Sabina, mejor dejar en el recuerdo los lugares donde alguna vez fuimos dichosos:
ResponderEliminar"En Comala comprendí
que al lugar donde has sido feliz
No debieras tratar de volver".
Saludos.
Escribí ésta letra en El Médano, paraíso tinerfeño donde reinan el viento y las olas y siempre vuelvo, Cayetano.
EliminarUn saludo.
Ese lugar de tanta tranquilidad donde dices que creaste este bello poema era de gran tranquilidad. Algo similar a lo del pequeño pueblo donde viven los de el Naán, la cual no distan mucho de alguna de la imágenes que se ven en el video y creo que las imágenes de los corzos paseando por las calles de una ciudad son de Valladolid en la pandemía. La zona que digo son cercanas son del Cerrato en cualquiera de las tres provincias.
ResponderEliminarSaludos.
Son muy buenos los recuerdos que guardo de El Cerrato, su queso, sus bodegas bajo tierra, el lechazo.
EliminarTambién tengo el recuerdo del frío, ese no es tan grato.
Un saludo, Tomás.
Volver donde el alma respira... miro esa foto y hasta yo lo respiro desde aquí.
ResponderEliminarUn abrazo.
Qué quieres que te diga, Vera, esa foto me sorprendió hasta a mi cuando la vi en la cámara.
ResponderEliminarUn abrazo.
Fui una vez y no me dejaron subir arriba y llegué hasta ese pico Viejo que se muestra tan hermoso en tu impresionante fotografía, cuanta belleza.
ResponderEliminarUn abrazo amigo
Es uno de esos lugares donde siempre me gustaría volver.
EliminarUn abrazo, Carlos.
Esa inmensa belleza nos llega al alma y deseos de volver.
ResponderEliminarUn abrazo.
Nos llega y nos llena el alma, Laura.
EliminarUn abrazo.
Querido tejón que maravillosa imagen, me alegraste la tarde.
ResponderEliminarUn enorme abrazo amigo.
Me alegro de habértela alegrado, Lola :)
ResponderEliminarUn abrazo.
Eterno caminante que rescatas la belleza más pura allá dondequiera que vas, es de agradecer que la compartas con nosotros generosamente.
ResponderEliminarUn poema bellísimo acompañado de una bellísima fotografía.
No se puede pedir más.
Gracias, muchas gracias.
Abrazo grande.
Muchas gracias siempre a ti por tus amables comentarios.
EliminarUn abrazo.
Un gusta visitar tu blog y leer algo tan bonito. Un saludo
ResponderEliminarMuchas gracias, maluferre.
EliminarUn abrazo.